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26.5.11

La AcTuAlidAd

Estamos ante un momento histórico mundial en el que los ricos son más ricos y los pobres más pobres, debido a la sociedad capitalista en la que vivimos. Una sociedad establecida según las reglas del comercio, las tecnologías y las modas, así como la explotación de países pobres para engrandecer a los países más ricos, que conlleva a una exaltación del instinto de grandeza, riqueza, poder y lucro.  Además de una globalización, que sólo mueven intereses económicos y que los intercambios culturales son pantomimas para llevar a cabo un mayor consumismo holístico.
Como consecuencia crean individuos sumidos en el tener y no en el ser, pero sí, en el ser físicamente mejor que el otro, encerrándonos en una superficialidad que encamina al consumismo “ciego” y a la dependencia material, es decir, al tener porque es la última moda, al comprar porque lo tienen mis amigas…   
 A este “embrujo”, que tiene el capitalismo y la globalización sobre la sociedad, le tenemos que unir el papel que juegan los Estados en todo esto, podemos decir que es un papel manipulador y “explotador”. Ya que en lugar de servir a los ciudadanos como forma de mejora social, económica, cultural y política, es una institución creada a través de los fondos comunes de los habitantes de un país, que hace que estos sean simples marionetas y ellos titiriteros para satisfacer sus intereses. Unos intereses personales además de relacionales, me refiero a que dejamos el poder en manos de individuos que en lugar de priorizar los intereses comunes priorizan los suyos primeros, y por supuesto, el de los empresarios que favorecen a estos.
También debemos sumarle el tipo de educación que existe, una educación diferenciada según la adquisición económica de las familias: escuela pública, escuela privada y escuela concertada, que hace que desde la base social principal como es la educación, existan diferencias no sólo económicas sino también culturales, creando así desigualdades desde la primera etapa educativa y formando diferentes tipos de enseñanza, aunque ambas estén reguladas por el BOE. Esto convierte a la educación, y con ello a la pedagogía, en fines políticos, ideológicos, culturales y económicos, en lugar de ser una formación integral o de renovación del individuo.
El Estado a través de la educación organiza el tipo de sociedad que le atañe, esta, regula, cambia y modifica las leyes según sus intereses, unos intereses promovidos por mantener estática la jerarquización social, que supone una cultura limitada de los trabajadores ante una cultura amplia de los capitalistas. Así, pueden mantener los escalones que les separan de lo “civil” y que estos trabajen para ellos, por esta razón concibo al sistema educativo actual como un producto clasista social y a la vez contradictorio.
Como resultado nos encaminamos a una educación estrictamente elitista, basándonos en la competitividad de la instrucción con la finalidad de formar trabajadores y no con el objetivo de instruir en los auténticos valores y normas, como es la auténtica enseñanza, que hace la posibilidad de construir un mundo mejor.
Estamos confinados, y en un futuro sometidos, en una educación orientada a la formación laboral de los sujetos, para incorporarlos inmediatamente al trabajo y puedan cumplir las funciones que quiere el Estado según la disposición económica de las familias.
Actualmente las escuelas se limitan a impartir “metralla” educativa, ya que no se interesan por el desarrollo personal e intelectual del alumnado sino por soltar conocimientos sin ningún tipo de control sobre estos y menos sobre sus alumnos. Siendo la responsable la Institución educativa en su conjunto: en primer lugar, considero responsables de la muerte de la cultura a los profesores, estos no son conscientes de lo que es la pedagogía y mucho menos aplicarla en la escuela. Y en segundo lugar, no existe un control de estos para dar las clases, los cuales tienen una cierta autonomía en sus actividades docentes.
Cada vez estas características se van consolidando al paso del tiempo, concretándose y a la misma vez generalizándose en nuestros centros educativos. Construyendo individuos formados a toda prisa, los cuales buscan salidas más rápidas que conlleven a menos esfuerzo y dedicación, dando como resultado la organización social que pretende el Estado.
Y si esto ocurre en estos momentos, ya podemos imaginarnos qué es lo que pasará en un futuro, nuestras escuelas serán “instituciones” muertas respecto a la auténtica finalidad de la sabiduría, y vivas respecto a terminaciones, paradigmas, nociones, argumentos… sin intenciones ni valores, lo que hará que caigamos en una incertidumbre educativa.
Este tipo de instrucción terminará por anular todos los estudios superiores, además de exterminar a los futuros talantes de nuestra sociedad, encerrándolos en las labores profesionales artesanales y en el consumismo de las tecnologías futuras que con el paso del tiempo serán más polifacéticas y por supuesto, más costosas.
     


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